Hoy no
quiero hablar, del bien ni del mal. Ni amor ni desamor. Ni de la vida, ni tan
siquiera de la muerte. No quiero sentir olores, ni ver colores. No quiero
sonrisas, no quiero alegrías, no quiero lágrimas, ni dolor en el alma. Perder
de vista, los sufrimientos y los tormentos. Coser mis labios sin tus besos, ni
sentir tu fuego en mi pecho. No quiero ver, ni ser visto, ni hundimientos en el
mar de tu pelo. Quiero no querer ni querer lo que quiero. Adiós a los amigos y
ni nada malo a los enemigos. No quiero sol en mi ventana, ni estrellas en la
madrugada. No quiero el reflejo de la mar de mañana. No quiero guerras ni
muertes en las estelas. No quiero comidas ni bebidas, ni alientos, que muera de
hambre la vida y la vida muera con ello. No quiero tu mirada, no quiero que me
toques, ya no quiero nada. No quiero quedarme ni irme con esperanza. No quiero
carreteras ni montar en mi dama. No quiero flores en mi tumba y ni siquiera mi
vieja guitara. Solo quiero no querer
nada.
Esto podría ser lo más parecido al sentimiento,
que podemos sentir cuando, aun teniéndolo todo.
Nos sentimos vacios. Y la mayoría de las veces sin saber ni el
porque. Pero llega y se te agarra en la
cara y te jode el día y te mata en la noche.
Llegando hablar solo y preguntar.
Que eres, para que bienes. Esto cuanto durara y que puedo hacer.
Cuando te llegue,
tampoco lo entenderás.
Rafa Duque.