lunes, 6 de agosto de 2012

EN LA CARRETERA


Si echo la vista atrás, no recuerdo desde cuando estoy pisando el asfalto de la carretera. Son muchos los kilómetros ya recorridos, bien por obligación o por placer.

Ya desde pequeño, mis juegos siempre tenían ruedas, daba igual que fueran dos, tres o diez.
Con eso que llaman divino tesoro “ LA JUVENTUD”.  El olor de la gasolina se impregnó en mi, jugando un poco con el viento en la cara y la velocidad bajo el culo, empezamos a sentir esa libertad que todos buscamos. Esto ha quedado bien grabado y siempre estamos  mirando hacia nuevos horizontes y destinos. Esto me ha dado la oportunidad de compartir muy buenos momentos con aquellas personas que también creían en esa libertad. Juntos hemos desmontado motores, quemado bujías, destripando cajas de cambios y sobre todo cogiendo prestadas las motos de nuestros hermanos o padres. Siempre con su permiso. POR SUPUESTO. Para darnos nuestros primeros viajes.

Con el paso de los años, la gasolina sigue estando en mis venas (ALGO MAS CARA), y sigo disfrutando de cada curva. Tenemos que admitir que ya no es igual, la vida cambia y todo al ritmo de ella. En este camino han quedado personas, que han rodado a mi lado y hoy ya no están. Unos por lo económico, han tenido que dejar sus cacharros aparcados en el garaje e incluso venderlos para sacar unas perrilas para la hipoteca. Otros por las cargas familiares han tenido que coger otros caminos. Y otros tuvieron la mala fortuna de no poder con aquella curva del final de la recta o sufrir una cruel  enfermedad incurable, haciendo que su vida se apagara.

Este cumulo de vivencias te hacen subir un día a lo mas alto del cielo y sonreír como si no fuera pasado nada. Y otros días bajar a lo mas hondo de los infiernos, quedando sin saber para donde tirar.
Pero siempre nos quedara la carretera con sus subidas y bajadas, sus paisajes, sus gentes y sobre todo, con su libertad. SI su libertad, esa que tenemos que pagar todos los días con sangre y sudor. Esa que sentiremos en la cara, cada vez que subamos en nuestros cacharros infernales y con un sonido atronador.  Nadie nos podrá quitar eso que se siente y yo no se como explicar. Pero ahí esta, dentro de cado uno de los que seguimos rodando, aunque sean solo unos kilómetros al año.

“ Algún día me gustaría salir a dar un paseo con mi vieja Harley y cruzarme con todas esas gentes, con las cuales nos tomamos algunas cervezas, charlamos de motores, que rodamos juntos, que tuvimos averías, bailamos, reímos asta caer rendidos.  Y saber que todo es como ayer”.     

NOS VEMOS EN LA CARRETERA.



En recuerdo de José Panzuela y Ramón (MON)

Rafa Duque.