Si echo la vista atrás, no
recuerdo desde cuando estoy pisando el asfalto de la carretera. Son muchos los
kilómetros ya recorridos, bien por obligación o por placer.
Ya desde pequeño, mis juegos
siempre tenían ruedas, daba igual que fueran dos, tres o diez.
Con eso que llaman divino tesoro
“ LA JUVENTUD”. El olor de la gasolina
se impregnó en mi, jugando un poco con el viento en la cara y la velocidad bajo
el culo, empezamos a sentir esa libertad que todos buscamos. Esto ha quedado
bien grabado y siempre estamos mirando
hacia nuevos horizontes y destinos. Esto me ha dado la oportunidad de compartir
muy buenos momentos con aquellas personas que también creían en esa libertad.
Juntos hemos desmontado motores, quemado bujías, destripando cajas de cambios y
sobre todo cogiendo prestadas las motos de nuestros hermanos o padres. Siempre
con su permiso. POR SUPUESTO. Para darnos nuestros primeros viajes.
Con el paso de los años, la
gasolina sigue estando en mis venas (ALGO MAS CARA), y sigo disfrutando de cada
curva. Tenemos que admitir que ya no es igual, la vida cambia y todo al ritmo
de ella. En este camino han quedado personas, que han rodado a mi lado y hoy ya
no están. Unos por lo económico, han tenido que dejar sus cacharros aparcados en
el garaje e incluso venderlos para sacar unas perrilas para la hipoteca. Otros
por las cargas familiares han tenido que coger otros caminos. Y otros tuvieron
la mala fortuna de no poder con aquella curva del final de la recta o sufrir
una cruel enfermedad incurable, haciendo
que su vida se apagara.
Este cumulo de vivencias te hacen
subir un día a lo mas alto del cielo y sonreír como si no fuera pasado nada. Y
otros días bajar a lo mas hondo de los infiernos, quedando sin saber para donde
tirar.
Pero siempre nos quedara la carretera
con sus subidas y bajadas, sus paisajes, sus gentes y sobre todo, con su
libertad. SI su libertad, esa que tenemos que pagar todos los días con sangre y
sudor. Esa que sentiremos en la cara, cada vez que subamos en nuestros
cacharros infernales y con un sonido atronador.
Nadie nos podrá quitar eso que se siente y yo no se como explicar. Pero
ahí esta, dentro de cado uno de los que seguimos rodando, aunque sean solo unos
kilómetros al año.
“ Algún día me gustaría salir a
dar un paseo con mi vieja Harley y cruzarme con todas esas gentes, con las
cuales nos tomamos algunas cervezas, charlamos de motores, que rodamos juntos,
que tuvimos averías, bailamos, reímos asta caer rendidos. Y saber que todo es como ayer”.
NOS VEMOS EN LA CARRETERA.
En recuerdo de José Panzuela y
Ramón (MON)
Rafa Duque.



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